La experiencia Fulbright

En agosto de 2009 inicié mi doctorado en la Universidad de Maryland, College Park, gracias a una beca de la Comisión Fulbright España. Acabado el doctorado y de vuelta en España, he decidido publicar unos extractos del informe final para inspirar a jóvenes que buscan oportunidades en Estados Unidos. Además, este año 2014 el programa Fulbright fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.

Participación en actividades organizadas para los becarios Fulbright

En agosto de 2009, participé en el curso pre-académico de tres semanas organizado por Fulbright en Charlotte, Carolina del Norte. Más allá de la utilidad inmediata del curso para adaptarse al nuevo entorno académico y a la vida en EE.UU., el poso que queda con los años son las amistades y las lecciones vitales que aprendimos de nuestros compañeros. No olvidaré el ingenio de la profesora de inglés de Madagascar que arregló mis auriculares con una pajita de refresco, las conmovedoras historias de nuestro compañero de Guinea sobre su trabajo con Cruz Roja, la inspiradora periodista palestina ciudadana israelí, la cautivadora música que nuestros compañeros nos dedicaron en un improvisado dúo de pianista colombiano y violinista rusa, y tantos otros… Se derramaron lágrimas cuando nos despedimos para incorporarnos a nuestras universidades de destino a lo largo y ancho de EE.UU. En los meses y años posteriores, nos hemos ido acogiendo los unos a los otros en nuestros respectivos lugares de residencia.

Lincoln Memorial, Washington DC.

Lincoln Memorial, Washington DC.

En Washington DC, la Asociación Fulbright es particularmente activa. Suelen organizar una jornada de puertas abiertas en octubre, dos recepciones al año en embajadas de distintos países, visitas culturales (por ejemplo, a la Biblioteca del Congreso y al Museo de los Indios Americanos), actividades de voluntariado, charlas, encuentros en bares y restaurantes, además de coordinar las invitaciones de generosas familias que acogen el día de Acción de Gracias en sus casas a los visitantes Fulbright.

Siempre procuraba asistir a casi todos los encuentros que se organizaban, donde hice amigos locales y foráneos. De ellos he aprendido más que de los libros, escuchándoles contar sus aventuras y sus proyectos. A través de ellos he conocido más mundo del que mi vida podría permitirme ver con mis propios ojos. La Asociación Fulbright crea esos espacios donde caben el arte y la ciencia, la medicina y el derecho internacional, y resulta imposible no contagiarse de su aspiración de generar impacto social positivo.

Estas actividades sociales contribuyen a la construcción de una comunidad internacional con un gran trasfondo de compromiso social y valor humano.

¿Cómo resumirías tu experiencia como becario Fulbright en EE.UU.?

Mi experiencia Fulbright ha estado marcada por las personas que he conocido. En las actividades organizadas por Fulbright conocí a quienes me enseñaron luego sus lugares en viajes por EE.UU, o me contaban historias de donde procedían (por ejemplo, Méjico, Pakistán, Argentina, etc.). Me contagiaron su pasión por el arte, la astrofísica o los lenguajes de sordomudos. A través del grupo American Friends, formado por vecinos de College Park y alrededores, celebré en acogedora compañía las tradiciones locales.

En la Universidad de Maryland tuve la suerte de disfrutar del compañerismo de otros estudiantes de doctorado y de la profesionalidad del personal investigador y docente. El College of Information Studies y el laboratorio de interacción persona-ordenador (HCIL) eran verdaderos espacios multidisciplinares donde nos inculcaban el valor de hacer investigación buscando el impacto social positivo y con rigurosos estándares éticos.

Todas las personas que he conocido han contribuido a mi desarrollo personal, enseñándome a ver el mundo desde una gran diversidad de perspectivas. Entre calabazas de Halloween o pavo al horno con salsa de arándanos, escuché las aventuras de una arqueóloga en Grecia, las historias de fósiles marcianos, o la simbología del arte africano.

Inevitablemente, la experiencia Fulbright acabó permeando en mi investigación, donde he plasmado esta idea de puentes entre grupos lingüísticos y culturales en los medios sociales. Fulbright constituye un gran ejemplo de cómo aumentar estas conexiones y formar un tejido social más cohesionado a nivel internacional. Cuando se hacen amigos de tantas partes del mundo, no se puede permanecer ignorante o impasible ante lo retos mundiales, porque allí donde saltan las malas noticias puede haber una persona querida.

Ahora que toca volver, tal vez es otra persona la que vuelve, una persona que desea volver a muchos sitios, cuyo hogar se ha expandido o tiene varios hogares. La experiencia Fulbright me ha enseñado a aprender constantemente de la gente donde quiera que esté y a construir cada día una experiencia con los generosos pedazos de vida que nos regalamos los unos a los otros.

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